Hay una frase que probablemente muchos estudiantes de música han dicho alguna vez:
«Yo practico, pero no avanzo como quisiera.»
La respuesta habitual suele ser bastante sencilla:
«Tienes que practicar más.»
Pero después de muchos años de observar cómo estudiamos música, hay una pregunta que me parece mucho más interesante:
¿Y si el problema no fuera cuánto practicas, sino cómo practicas?
Porque es perfectamente posible pasar una hora frente al piano, con una guitarra, cantando o estudiando una partitura y terminar la sesión prácticamente en el mismo lugar donde comenzaste.
También es posible dedicar quince minutos a un problema específico y terminar esos quince minutos haciendo algo que antes no podías hacer.
La diferencia está en lo que ocurrió durante esos minutos.
Y esa diferencia es precisamente la que me ha llevado a desarrollar un nuevo proyecto educativo dentro de FJ Music.
Tocar no es lo mismo que practicar
Esta puede parecer una distinción demasiado sencilla, pero cambia nuestra manera de entender el aprendizaje musical.
Tocar es ejecutar.
Practicar es trabajar deliberadamente para mejorar algo.
Supongamos que estás estudiando una canción y siempre te equivocas en el mismo lugar.
La reacción más común es comenzar la canción otra vez.
Llegas al mismo lugar.
Te equivocas.
La vuelves a comenzar.
Y repites el proceso.
Después de varias repeticiones puedes sentir que has practicado mucho.
Pero quizá lo único que has hecho es repetir el problema.
Practicar de manera efectiva requiere detenerse y preguntar:
¿Qué está fallando exactamente?
¿Es el cambio de acorde?
¿Es el ritmo?
¿Es la coordinación?
¿Estoy tocando demasiado rápido?
¿No conozco suficientemente bien la sección?
¿Estoy dependiendo demasiado de la memoria muscular?
¿No estoy escuchando lo que realmente estoy produciendo?
¿El problema es técnico o musical?
La respuesta determina qué debemos hacer después.
El error no es el enemigo
Uno de los cambios más importantes que podemos hacer en nuestra manera de estudiar música es cambiar nuestra relación con el error.
Un error puede ser frustrante.
Pero también puede ser información.
Si una nota sale desafinada, si un acorde entra tarde, si perdemos el ritmo o si nos detenemos al leer una partitura, el error nos está diciendo que existe una dificultad.
La pregunta entonces no debería ser:
«¿Por qué no me sale?»
Debería ser:
«¿Qué me está diciendo este error?»
Ese cambio de pregunta es fundamental.
Porque si podemos identificar el problema, podemos comenzar a buscar una solución.
El músico necesita aprender a diagnosticar
En una clase de música, el maestro puede escuchar un problema y decir inmediatamente:
«Trabajemos esa sección más lentamente.»
O:
«Vamos a practicar solamente el cambio entre estos dos acordes.»
O:
«Canta primero la melodía sin el acompañamiento.»
El estudiante recibe una solución.
Pero ¿qué ocurre cuando llega a su casa?
El maestro ya no está allí.
Por eso considero que una parte esencial de la educación musical debería consistir en enseñar al estudiante a diagnosticar sus propios problemas.
Un músico que sabe tocar pero no sabe qué hacer cuando algo no sale todavía depende demasiado de la ayuda externa.
Un músico que puede identificar el problema, elegir una estrategia, comprobar el resultado y modificar su plan está desarrollando algo mucho más importante:
autonomía.
De eso trata el nuevo proyecto de FJ Music
A partir de estas ideas he estado desarrollando un sistema pedagógico que parte de una premisa sencilla:
No enseñar solamente a tocar. Enseñar a aprender a tocar.
El sistema organiza la práctica alrededor de un ciclo:
Identificar → Diagnosticar → Aislar → Elegir estrategia → Practicar → Comprobar → Registrar → Transferir
No se trata de convertir la música en una serie de fórmulas mecánicas.
Todo lo contrario.
La intención es darle al estudiante herramientas para tomar mejores decisiones.
Porque no todos los problemas musicales se resuelven de la misma manera.
¿Qué haces cuando algo no te sale?
Imagina estos cuatro escenarios.
Un cantante no consigue afinar una nota.
Un guitarrista no puede cambiar de acorde a tiempo.
Un pianista toca correctamente las notas, pero pierde el ritmo.
Un estudiante memoriza una pieza y se queda en blanco cuando deja de mirar la partitura.
Los cuatro tienen problemas.
Pero no tienen el mismo problema.
Por lo tanto, tampoco deberían practicar de la misma manera.
Una de las competencias que quiero desarrollar con este proyecto es precisamente esa:
aprender a escoger la herramienta adecuada para el problema que tienes delante.
Practicar con propósito no significa practicar más
Esta es quizás una de las ideas que más me interesa transmitir.
No estoy proponiendo que los estudiantes pasen más horas estudiando.
Estoy proponiendo que aprendan a utilizar mejor las horas que ya tienen disponibles.
Una sesión de práctica puede durar quince minutos.
Puede durar treinta.
Puede durar una hora.
Lo importante es que el estudiante sepa qué está intentando conseguir y cómo comprobará si lo consiguió.
Por ejemplo:
En lugar de:
«Hoy voy a practicar piano.»
Podríamos decir:
«Hoy voy a conseguir tocar esta progresión de cuatro acordes a 80 bpm sin detenerme y manteniendo el patrón rítmico.»
Ahora tenemos un objetivo.
Tenemos una condición de éxito.
Y podemos comprobar el resultado.
Eso cambia completamente la sesión.
El verdadero objetivo es la autonomía
Esta es, probablemente, la parte más importante de todo el proyecto.
Quiero que un estudiante pueda llegar a un punto en el que, frente a una dificultad, no tenga que esperar inmediatamente a que alguien le diga qué hacer.
Que pueda detenerse y pensar:
¿Cuál es el problema?
¿Por qué está ocurriendo?
¿Qué puedo cambiar?
¿Cómo voy a comprobar si funcionó?
¿Qué hago si no funciona?
Ese estudiante está desarrollando una habilidad que va mucho más allá de una canción, una escala o un instrumento.
Está aprendiendo cómo aprender música.
Y esa habilidad puede acompañarlo durante toda su vida musical.
Próximamente: Práctica como debes, avanza como quieres
Todo este trabajo ha ido creciendo hasta convertirse en un nuevo libro que estoy desarrollando para FJ Music:
Práctica como debes, avanza como quieres.
No es un libro para decirte simplemente cuánto debes practicar.
Es una propuesta para aprender qué practicar, cómo practicarlo, cómo saber si estás progresando y qué hacer cuando algo no funciona.
Porque practicar no debería consistir en pasar horas repitiendo.
Debería consistir en saber qué estás intentando conseguir y tener las herramientas para acercarte a ese objetivo.
Practica como debes.
Avanza como quieres.
Muy pronto.

Francisco Javier Quiñones es profesor de música y dirección coral. Su extensa carrera en el ambiente artistico, educativo y musical de más de 25 años le ha permitido trabajar con un sin número de jovenes y cantantes de renombre presentandose también en grandes escenarios abarcando géneros cultos y populares.
Puedes buscar mas información en su página:
www.fjmusicpr.com